¿Alguna vez has sentido que inviertes demasiada energía en actividades que no te llevan a ningún lado, mientras descuidas aquellas que podrían cambiar tu futuro? En el mundo de los negocios, las empresas utilizan herramientas de análisis para decidir dónde poner su dinero. Una de las más famosas es la Matriz BCG (creada por el Boston Consulting Group).
Aunque nació para analizar carteras de productos, su lógica es perfectamente aplicable a nuestra vida: nos ayuda a identificar qué nos da estabilidad, qué nos frena y dónde reside nuestra próxima gran oportunidad.
Como funciona la matriz BCG
En esta matriz hay cuatro cuadrantes como podemos ver en la imagen inferior. En primer lugar vemos el cuadrante inferior izquierdo: contiene los productos vaca de la empresa con bajo crecimiento pero mucha cuota de mercado (dan dinero). Justo al lado están los producto perro, con baja cuota de mercado y poco crecimiento, destinados principalmente a desaparecer.

En los cuadrantes superiores vemos los productos estrella y dilema. El primero tiene mucha cuota y mucho crecimiento: hay que invertir en el. El segundo, como su propio nombre indica crea un dilema porque crece mucho pero no tenemos cuota de mercado. Hay que pensar qué hacer.
Como aplicar la matriz BCG al desarrollo personal
En mi caso, soy profesor, y eso es algo que me da liquidez, pero con escaso crecimiento. Por tanto ser profesor va producto vaca. A estos hay que dejarlos dando liquidez para poder invertir en los estrella o dilema.
Mi producto perro es aquello que me lastra. Los malos hábitos, un mal entorno… En este caso, a nivel empresarial se desaconseja, de forma general y no siempre, desinvertir. A nivel personal, encasillamos en este cuadrante todo aquello que queremos dejar ir: fumar, malas amistades…
Luego vamos al producto interrogante: recuerda que es algo con potencial, pero con poca cuota. En mi caso esto sería el trabajo de coach. Me encanta y le gusta a la gente, pero no me lanzo del todo y doy pocas mentorías. Debemos de decidir si convertirlo en producto estrella (invirtiendo tiempo y dinero), o por el contrario, convertirlo en producto perro. Puede que por cualquier motivo queramos enterrar un proyecto.
El producto estrella en mi caso no está: no tengo ese proyecto en marcha que tenga un gran crecimiento, y mucha cuota de mercado o volumen.
Conclusión: El equilibrio del sistema
Identificar que no tienes un «Producto Estrella» no es una derrota, sino un diagnóstico valiosísimo. La mayoría de las personas viven estancadas en sus «Vacas» (la comodidad de lo que funciona) o agotadas por sus «Perros» (hábitos tóxicos), sin dejar espacio para la duda del «Interrogante».
El objetivo final de este ejercicio es utilizar la estabilidad que te da tu faceta de profesor para alimentar ese proyecto de coaching. Solo mediante la inversión deliberada de tiempo y energía conseguirás que esa duda se convierta en tu próxima estrella. Al final del día, tu activo más escaso no es el dinero, sino tu atención: asegúrate de ponerla donde realmente pueda florecer.