Hay una idea profundamente arraigada —pero poco cuestionada— de que la semana empieza el lunes. Sin embargo, tanto desde el punto de vista histórico como psicológico, el domingo es el auténtico día uno. Y no solo porque así lo indiquen numerosos calendarios tradicionales, sino porque nuestro cerebro y nuestro cuerpo lo viven como un día de transición clave. El domingo no es el final: es el umbral. Y los umbrales, bien usados, cambian destinos.
1. Domingo: el día de organizar la semana
El cerebro humano necesita estructura para reducir la ansiedad y mejorar el rendimiento. La neurociencia cognitiva lleva décadas mostrándolo: planificar reduce la carga cognitiva y libera recursos mentales para tareas importantes (Baumeister & Tierney, 2011).
El domingo ofrece algo único: perspectiva. Ya no estás dentro del ruido de la semana laboral, pero tampoco completamente desconectado de lo que viene. Es el momento ideal para:
- Revisar compromisos.
- Decidir prioridades reales (no las urgentes, sino las importantes).
- Preparar mentalmente los cambios de rol que vendrán.
Estudios sobre prospective thinking muestran que anticipar escenarios futuros de forma calmada mejora la toma de decisiones y reduce el estrés basal durante la semana (Schacter et al., 2017). Organizar la semana el domingo no es control: es higiene mental.
2. Domingo por la tarde: activar el cuerpo para encender la semana
Existe un fenómeno muy estudiado llamado Sunday Blues: un descenso del estado de ánimo al final del domingo asociado a la anticipación del lunes (Randler et al., 2016). ¿La mejor vacuna? Movimiento.
Hacer deporte suave o moderado en los ratos quietos de la tarde del domingo tiene efectos muy concretos:
- Aumenta la dopamina y la noradrenalina, asociadas a motivación y energía.
- Regula el cortisol, preparando al cuerpo para un mejor descanso nocturno.
- Mejora la calidad del sueño, clave para el lunes (Kredlow et al., 2015).
No se trata de machacarse en el gimnasio, sino de enviarle al sistema nervioso un mensaje claro: “Estamos vivos, en marcha, preparados”. Un paseo largo, algo de fuerza ligera o incluso bailar en casa puede ser suficiente.
3. La tercera clave: sembrar una micro-identidad
El domingo es el mejor día para empezar a ser alguien, aunque sea en miniatura.
La psicología del comportamiento ha demostrado que los hábitos no se construyen solo con repetición, sino con identidad: actuamos de forma coherente con quien creemos ser (Oyserman, 2009). Por eso, el domingo es perfecto para una acción simbólica pero poderosa:
👉 hacer una pequeña acción que represente la persona que quieres ser esta semana.
Ejemplos:
- Si quieres ser alguien más creativo: escribe una página sin objetivo.
- Si quieres ser más calmado: 10 minutos de respiración consciente.
- Si quieres ser más valiente: envía ese mensaje que llevas posponiendo.
No es productividad. Es narrativa personal. El cerebro recuerda mejor lo que tiene significado simbólico, y esas pequeñas semillas dominicales tienden a crecer durante la semana casi sin esfuerzo consciente.
En resumen… El domingo no es un día para “apagar”. Es un día para afinar.
Organizas la mente. Activás el cuerpo. Sembrás identidad… Y cuando el lunes llega, ya no empieza nada: simplemente continúas.
